pues quizá ya lo han hecho alguna vez.
Tampoco quisiera privarle al poeta de brindar a su Dulcinea el encanto vivo de su luz.
Pero si puedo...
brindarte la humilde poesía
que envuelve su magia.
Su claridad sobre la rosa
Su fulgor acariciando las olas. Su magia para escribirte.
Y la ensoñación que espera.
Así que me permitiré
en alas de su halo inconmensurable, darte aquello
que jamás nadie podrá quitarte.
Te regalo de ella...
La risa encantada que nos brinda.
Y que atravez de ti desata su fantasía cuando su estela invisible de tibieza nos envuelve.
Tu, eres la mágiaca hada
que permite soñar aún despierto.
Eres el rubor suave
que se haya en las mejillas inocentes de un niño.
Eres el canto sin prisa del ave cuando despierta la aurora.
Eres salitre que se siente
en los labios a orillas del mar.
Eres miel, fulgor y esperanza
Eres ideal y sueños.
Así eres tú... eres el sueño del poeta