sábado, 9 de diciembre de 2017

El verano que la ame

La noche anterior había llovido muchísimo. 
Esta mañana me preparé pasa ir a trabajar.
Aún quedan en las veredas y en los patios recuerdos de lo que fue el temporal
que azotó mi ciudad está noche, anunciando el verano.

Tome la bici, me acomode el morral de cuero marrón similar a aquellos portafolios que se usaban.en la.escuela, sobre mi espalda y cuando me dispongo a salir de casa, golpeó accidentalmente la.mesa de la cocina tirando el jarrón con jazmines casi marchitos que  regale a mamá hace unos días, pero que igualmente guardan en sus pétalos la frescura perpetua de adolescente y un aroma.inconfundible.
Rápidamente levanté el jarrón pero el agua ya había invadido toda la mesa y corría por el suelo de material sin baldosas de mi hogar.
Saque el mantel, seque y volví a llenar de agua fresca y coloque las flores algunas carentes de pétalos ya, pero como pude, los arreglé.

Me cuesta hacerlo, dejar mi hogar, mi refugio, mi vida, aunque corta, pero mía, me da pena siempre salir de casa, no es miedo, es tristeza de dejar allí lo único que tengo, mi familia.
El verano está por llegar, la primavera encendió la flama y el sol calienta más y más cada día. Los insectos abundan, también innumerable cantidad de mariposas de distintas especies que pululan sin descanso en el verdor de esta cierra rodeada de costas.
El reloj marca las 7:35, el sol ya está en lo alto y pellizcar suavemente mi piel que comienza a dorarse por este.

Se percibe la humedad en el aire, y si no hubiese sentido la lluvia de la madrugada, este aspecto de mi tierra me hubiera dicho en otras palabras que habría llovido el día anterior.
Inhale una vez más el ambiente de mi casa, el aroma matinal que extrañaré todo el día.
El aire se cuela por doquier, las cortinas todas parecen danzar a su son. Entra de la.mano de ese frescor de la mañana el exquisito aroma de algún jardín, la personalidad de la flor de azar cautiva el ambiente, pero también el jazmín  confirma su presencia en el aire, lavandas, menta, y algún que otro olor a yuyos que se sacude con el viento primaveral, así demuestra que también que es un sobreviviente del invierno que hace muy poco se alejó. Levanté la cortina de la puerta y medio a los tumbos salgo de mi paraíso.

El aroma del mar que está muy cerca de casa lo envuelve todo. Vuelvo a ver el reloj, sacudo suavemente la muñeca para que se corra la cadencia de plata que la adorna. 7:38 dicen las agujas azules que poco se distinguen por el vidrio astillado de este marcador inescrupuloso del tiempo que varias veces me jugó una mala pasada por no definir bien la hora, confundiendo las agujas con esa fractura del cristal.

Allí la vi, en, y con ese mutismo que gritaba silenciosamente desde lo más profundo de su alma, así la conocí. Desde la calle la vi, montado yo en mi bicicleta, no pude dejar de mirarla.
Aunque iba veloz,  mi mirada le seguía hasta que pase de largo sin que ello no me apartara de darme cuenta que en la orilla su vestido parecía ser parte del oleaje que besa la arena, de esa espuma que se hunde en la playa como las estrellas en el alto cielo.
Pero que fue aquello? mi mente fue engañada por algún espejismo que este calor estival provoco en mi joven imaginación como un sueño, o fue real? No pude detenerme no podía llegar tarde, y la caída de aquel jarrón en casa hizo me retrasara, pero no hubiera perdido nada al detenerme y ver que tan real era esa inmaculada imagen que con la gracia del viento danzaba en la orilla como aquellos danzantes mevleví de Turquía elevándose hasta lo mas alto del cielo, pero con una mágica diferencia que parecía salir del mismo mar, por eso la confundí con la espuma que caía rendida en la orilla de esa casi solitaria playa.

7:49 delata mi reloj, el tránsito está insoportable, se oyen las bocinas, las frenadas, y los.gritos de los conductores queriendo quizá acelerar el tránsito que congestionó a toda la ciudad, desde el puente hasta el Palacio de las leyes. 
Debo subir por el carril central, aparentemente hubo un accidente más adelante, mientras el sol reina a su antojo. 
Estoy aún lejos de mi destino, y me vino a la mente esa visión mágica, celestial,angelical que llamo mi atención cerca de casa en la.orilla a pasos del mar.
Logro salir de este atasco y me puedo subir nuevamente a mi vehículo, estoy completamente bañado en sudor desde la cabeza a los pies.

El agua salada corre por mis mejillas y llega a mi boca, el gorro rojo y blanco que llevo puesto también está empapado, por debajo de mis lentes también corre el sudor que no tarda mucho en entrar a mis ojos provocando picazón teniendo que soltarme.de.una mano para retirar los cristales que me protegen del sol y rascarmelos con cierta desesperación.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Oscura

La noche

La noche es negra como la brea.
como la negra y pesada brea.
como la llanura empantanada de lúgubres recuerdos.
Como la miserable madrugada 
que me tiene preso en la tiniebla.
Una puerta rechina en la oscuridad, 
con su chirría que eriza la piel hasta su confín.
La puerta que rechina, se golpea incesante contra su marco 
dejando el eco en la habitación vacía que sólo guarda en su interior 
una vieja cortina color violeta que cae hasta el suelo 
donde merodean mis pies desde el ocaso al alba.
La puerta, se golpea contra su marco, 
como besando la madera de este, como queriendo mantener mi vigilia, 
la luz de esta vela se sacude como la puerta sin sacar de la cera su flama.
Escribo en el papel alguna palabras que intento descifrar sin conseguirlo.
La espesa noche cuál abismo, me cubre, el frío congela mis carnés, mis huesos 
y aprieta a mi acongojado corazón que late apenas.
Dando pasos hacia la nada en este rincón vacio
_Donde estas? 
le pregunté,  aún sabiendo que no esta.
_Adonde van tus pasos? 
esos que ame con todas mis fuerzas, 
esos pasos que serán míos para siempre en mi memoria.
Ella no me responde, y quizá lo prefiera así.
La noche entró en su sin retorno, 
a esa hora que todos duermen, todos... menos yo.
La gélida oscuridad entumeció mis dedos,
como cuando era yo un crío, 
imagino el viento en las olas que golpean con rabia a la roca,
y acaricia con encono la blancura eterna de la orilla,
también la recuerdo a ella como a la diosa que fue para mi.

Mi mano se apoya sobre el papel que se riega de letras
en el incesante batir de la pluma que guarda callada
y obedece mis caprichos sin decir nada mientras su sangre
late en vida  y llena de mil historias.
Se oye el golpe de la puerta, se levanta suavemente la cortina,
el viento desde afuera entra silbando por el agujero que hay en el cristal,
el papel que le había puesto para tapar ese agujero se voló.
Viaja la imaginación en el aroma nocturno que penetró en la casa.

Afuera, llueve a medio cielo

Lejos... en otro cielo,
titilan las pequeñas farolas en el cosmos.
Un gallo canta,
mientras observo como lentamente la mecha de la vela
se dobla ya en el fondo del plato en el cual había sido clavada.
la flama se sacude como moribunda, como un animal dando sus ultimas bocanadas de aire,
en tanto yo me deleito en ese misero espectáculo,
mientras la luz de farol agoniza, contemplo como se evapora su vida.
Lentamente se van consumiendo los últimos segundos que le quedan
a este centinela que con su lúgubre flama, crea espectros espantosos que me tienen viendo las sombras, que me obligan a forzar la vista
buscando el terror que impera en la amargura de mis eternidades,
y que cada noche se posan sobre los muebles
como espíritus que me observan, que caminan a mi lado.
Un soplo,
solo pido un soplo de aquellos labios
para terminar con esta prisión que me tiene sumido en la agonía.
Otra vez la puerta golpea
en el silencio noctambulo y oscuro de la madrugada...