viernes, 8 de diciembre de 2017

Oscura

La noche

La noche es negra como la brea.
como la negra y pesada brea.
como la llanura empantanada de lúgubres recuerdos.
Como la miserable madrugada 
que me tiene preso en la tiniebla.
Una puerta rechina en la oscuridad, 
con su chirría que eriza la piel hasta su confín.
La puerta que rechina, se golpea incesante contra su marco 
dejando el eco en la habitación vacía que sólo guarda en su interior 
una vieja cortina color violeta que cae hasta el suelo 
donde merodean mis pies desde el ocaso al alba.
La puerta, se golpea contra su marco, 
como besando la madera de este, como queriendo mantener mi vigilia, 
la luz de esta vela se sacude como la puerta sin sacar de la cera su flama.
Escribo en el papel alguna palabras que intento descifrar sin conseguirlo.
La espesa noche cuál abismo, me cubre, el frío congela mis carnés, mis huesos 
y aprieta a mi acongojado corazón que late apenas.
Dando pasos hacia la nada en este rincón vacio
_Donde estas? 
le pregunté,  aún sabiendo que no esta.
_Adonde van tus pasos? 
esos que ame con todas mis fuerzas, 
esos pasos que serán míos para siempre en mi memoria.
Ella no me responde, y quizá lo prefiera así.
La noche entró en su sin retorno, 
a esa hora que todos duermen, todos... menos yo.
La gélida oscuridad entumeció mis dedos,
como cuando era yo un crío, 
imagino el viento en las olas que golpean con rabia a la roca,
y acaricia con encono la blancura eterna de la orilla,
también la recuerdo a ella como a la diosa que fue para mi.

Mi mano se apoya sobre el papel que se riega de letras
en el incesante batir de la pluma que guarda callada
y obedece mis caprichos sin decir nada mientras su sangre
late en vida  y llena de mil historias.
Se oye el golpe de la puerta, se levanta suavemente la cortina,
el viento desde afuera entra silbando por el agujero que hay en el cristal,
el papel que le había puesto para tapar ese agujero se voló.
Viaja la imaginación en el aroma nocturno que penetró en la casa.

Afuera, llueve a medio cielo

Lejos... en otro cielo,
titilan las pequeñas farolas en el cosmos.
Un gallo canta,
mientras observo como lentamente la mecha de la vela
se dobla ya en el fondo del plato en el cual había sido clavada.
la flama se sacude como moribunda, como un animal dando sus ultimas bocanadas de aire,
en tanto yo me deleito en ese misero espectáculo,
mientras la luz de farol agoniza, contemplo como se evapora su vida.
Lentamente se van consumiendo los últimos segundos que le quedan
a este centinela que con su lúgubre flama, crea espectros espantosos que me tienen viendo las sombras, que me obligan a forzar la vista
buscando el terror que impera en la amargura de mis eternidades,
y que cada noche se posan sobre los muebles
como espíritus que me observan, que caminan a mi lado.
Un soplo,
solo pido un soplo de aquellos labios
para terminar con esta prisión que me tiene sumido en la agonía.
Otra vez la puerta golpea
en el silencio noctambulo y oscuro de la madrugada...

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