Delicadamente llueve el rocío sutilmente podríamos decir.
Callada la tarde llega, aun sin ser invitada pero nos sorprende callada y respetuosa como cada tarde al llegar. La tibieza del astro aun vuela sobre nosotros, sobretodo e impulsa la melodía salvaje que brota desde mi ser al acercarse con lentos pasos la hora de la reflexión y el silencio, al acercarse con sonora y muda paciencia, la noche...
Oh... Si, la noche, esa misma que hace brotar la pasión, fluir como un río la ardiente pasión que se desboca, que desborda en frenesí y delirios los manjares mas dulces mas buscados que nos limitan al instante banal y delirante que nos perturba a veces para siempre, y nos ayuda a comprender que no todo es reluciente, y que el brillo a veces nos puede encandilar y hacernos perder el camino, apartándonos de lo real llevándonos por caminos sinuosos donde el final, no es de cuentos de hadas.
Veo cerca de mí, la verdosa figura del limonero que parece estirar sus ramas como si tuviera brazos y sus hojas como dedos enormes que casi pueden tocarme, y que por el rocío en ellas, dejan reflejar la luz de la luna en su superficie, simulando con aquella palidez lunar, un diminuto collar de perlas, que adornan cada una de sus hojas, decorando mi alrededor, sacando la monotonía espectral de la negra bóveda que nos protege del mas allá haciéndome sentir Rey.
Aquí, en esta magna soledad
en este desmedido silencio
parece oírse apenas a la distancia como las olas castigan a la roca
o la besan apasionadamente
todo depende de uno.
También en silencioso rubor
el palpitar puntiagudo de las estrellas nos deleitan con ademanes callados pero fulgurantes que nos acusa brevemente las enormidad del firmamento donde su brillo, apasiona al poeta que deslumbra con su pluma el corazón del soñador, de aquel que vive de esperanzas y que busca en la tinta derramada entre lineas invisibles, la dulzura desmedida del alma misma.
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